
MAD ALVAR

Mad Àlvar (Àlvar Fedz.) (Barcelona, 1989) desarrolla una práctica autodidacta que se mueve entre la pintura, el dibujo y la cerámica. Su trabajo nace de una necesidad directa de contar y de contarse: una forma de convertir experiencias, recuerdos, miedos y contradicciones en imágenes. Sus obras no buscan ordenar el mundo, sino mostrarlo desde su parte más vulnerable, allí donde lo íntimo, lo absurdo y lo doloroso conviven sin necesidad de resolverse.
En 2025, Mobb Art Club presentó su exposición individual El día en que los putos hombres practiquemos la ternura, un proyecto que cuestionaba los modelos tradicionales de masculinidad y la dificultad aprendida para expresar afecto, miedo o fragilidad. Ángeles que lloran, hombres desorientados, animales, flores y paisajes construían un universo en el que la ternura no aparecía como una emoción cómoda, sino como un gesto de resistencia. Frente a la obligación de permanecer fuerte, la exposición proponía la posibilidad de mostrarse débil, cuidar y dejarse cuidar.
La pintura de Àlvar se articula mediante figuras, palabras y signos que surgen, desaparecen y vuelven a hacerse visibles entre sucesivas capas. Los personajes parecen estar siempre a medio camino entre la presencia y el borrado; algunos se abrazan, otros permanecen solos, lloran, esperan o sostienen algo que apenas alcanzamos a reconocer. La escritura interviene como una voz fragmentaria: frases, nombres y anotaciones que no explican por completo la escena, pero introducen pensamientos, recuerdos o confesiones dentro de ella.
En sus obras más recientes, este vocabulario se ha vuelto todavía más abierto y narrativo. Aparecen interiores domésticos, camas, mesas, casas, cuerpos enfrentados o reunidos y rostros que funcionan casi como máscaras emocionales. La tensión entre afecto y violencia continúa presente, aunque ahora las relaciones entre los personajes adquieren mayor protagonismo. El cuadro se convierte así en un espacio mental donde las escenas se superponen y el recuerdo se mezcla con la imaginación, sin una frontera clara entre lo vivido, lo temido y lo deseado.
Àlvar suele definirse, con ironía, como un “pésimo pintor”. Sin embargo, esa supuesta imperfección constituye precisamente uno de los núcleos de su lenguaje: una pintura que renuncia a la corrección para conservar la urgencia, la duda y la verdad emocional del gesto. En su obra, pintar no significa representar con fidelidad, sino exponerse; aceptar que la ternura, como la propia pintura, puede ser torpe, contradictoria y difícil, pero también profundamente necesaria.


NEWSLETTER
Forma parte de nuestra comunidad. Suscríbete para recibir invitaciones, novedades y noticias de nuestros proyectos y exposiciones.