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F La poesía automática o el cadáver exquisito. Serie Procedimientos. 2022. Óleo sobre lona

JOSÉ MANUEL CIRIA

 

José Manuel Ciria (Manchester, 1960) ha desarrollado a lo largo de décadas una de las investigaciones más consistentes, personales y complejas de la abstracción española contemporánea. Su pintura no puede entenderse como un mero ejercicio formal ni como una práctica basada exclusivamente en la gestualidad, sino como un sistema de pensamiento visual en el que convergen materia, memoria, estructura, accidente, ritmo y experiencia. En su trabajo, la abstracción no supone una distancia respecto al mundo, sino una forma más profunda de aproximarse a él: un modo de traducir tensiones internas, estados de transformación, huellas del tiempo y procesos de construcción y desgaste que pertenecen tanto a la imagen como a la propia experiencia humana.

Uno de los núcleos fundamentales de su obra reside en la tensión constante entre dos fuerzas aparentemente opuestas: por un lado, la expansión libre, imprevisible y física de la mancha; por otro, la presencia de estructuras que ordenan, contienen, interrumpen o reorganizan esa energía. De ese diálogo entre impulso y control surge buena parte de la potencia de su pintura. La superficie pictórica se convierte así en un campo de operaciones donde nada aparece de manera arbitraria: incluso aquello que parece brotar desde el azar está sostenido por una conciencia compositiva rigurosa, por una lógica interna que articula cada obra desde la profundidad. Esa convivencia entre lo espontáneo y lo construido es una de las claves de lectura más importantes de su trabajo.

 

En las pinturas de Ciria, la materia actúa como registro, como aparición y como huella. Las formas parecen emerger, desplazarse, sedimentarse o desvanecerse dentro del cuadro, de manera que la imagen nunca se ofrece como algo completamente estable o clausurado. Hay en su pintura una sensación de proceso continuo, de transformación permanente, como si cada obra conservara visibles las distintas fases de su propia formación. Veladuras, superposiciones, opacidades, vacíos, torsiones y zonas de condensación generan composiciones de gran intensidad visual, en las que la mirada del espectador no encuentra una lectura única, inmediata o cerrada, sino un espacio abierto a múltiples relaciones y resonancias.

Esa complejidad no implica hermetismo. Al contrario: la obra de Ciria activa una experiencia visual muy directa, incluso física, pero al mismo tiempo profundamente reflexiva. Sus imágenes pueden remitir al cuerpo, al paisaje, al signo, a la arquitectura, al vestigio o a la memoria, sin fijarse nunca en una sola referencia. Esa ambigüedad es esencial. Lo que aparece en sus cuadros no representa literalmente algo reconocible, pero tampoco se agota en su materialidad. Sus formas vibran en un territorio intermedio, donde lo orgánico y lo geométrico, lo mental y lo corporal, lo construido y lo erosionado conviven en equilibrio inestable. Precisamente ahí reside una de las mayores virtudes de su pintura: en su capacidad para sostener simultáneamente intensidad sensorial, complejidad conceptual y apertura interpretativa.

A lo largo de su trayectoria, Ciria ha ido consolidando un vocabulario visual propio, reconocible y a la vez extraordinariamente flexible. Lejos de repetir una fórmula, su obra ha profundizado de manera sostenida en una serie de problemas esenciales de la pintura: cómo se organiza una imagen, cómo dialogan estructura y gesto, cómo se inscribe el tiempo en la superficie, cómo puede la pintura seguir produciendo pensamiento y emoción sin recurrir a la representación literal. En ese sentido, su trabajo se sitúa dentro de una tradición de la abstracción que no entiende el cuadro como un objeto decorativo ni como un lenguaje autosuficiente, sino como un espacio de conocimiento, fricción y revelación.

La pintura de José Manuel Ciria exige y recompensa una mirada atenta. No ofrece respuestas inmediatas, pero sí una experiencia visual rica, densa y sostenida, en la que cada obra parece desplegar distintas capas de sentido con el paso del tiempo. Esa capacidad para mantenerse abierta, activa y viva ante el espectador es una de las razones por las que su producción ocupa un lugar singular dentro del panorama contemporáneo. Su obra nos recuerda que la abstracción, lejos de ser un lenguaje agotado, sigue siendo un territorio fértil desde el que pensar la imagen, la memoria, la materia y la condición misma de la pintura.

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