
BEN WAKELING

Ben Wakeling (Londres, 1985) es un pintor británico cuya obra ocupa un territorio inestable entre la abstracción y la figuración. Con raíces en el dibujo, el graffiti y el arte urbano, su práctica ha evolucionado progresivamente hacia un lenguaje pictórico más complejo en el que el cuerpo humano permanece presente sin llegar nunca a fijarse por completo. Cabezas, torsos, brazos, manos y piernas emergen entre capas de color, líneas, borrados y rectificaciones, como si la imagen estuviera atrapada en un proceso continuo de aparición y desaparición.
El gesto ocupa un lugar central en su pintura, pero nunca como un fin en sí mismo. Wakeling trabaja de manera intuitiva, acumulando marcas y permitiendo que la pintura se desarrolle a través de la fricción entre accidente y decisión. Dentro de ese aparente desorden, la figura debe encontrar su camino a través de la superficie. A veces emerge con claridad y otras queda casi completamente absorbida por la propia pintura. Esta tensión se ha convertido en uno de los rasgos definitorios de su trabajo: la abstracción no elimina el cuerpo, sino que lo sitúa en un estado de permanente inestabilidad.
Su relación con la pintura es inseparable de su experiencia en torno a la salud mental y de años de trabajo junto a otras personas en programas creativos vinculados a este ámbito. Más que presentar la pintura simplemente como una forma de catarsis, Wakeling la entiende como una herramienta para procesar la experiencia, ordenar la intensidad emocional y establecer conexiones con los demás. Esta dimensión también le ha llevado a crear y participar en espacios artísticos abiertos, donde el dibujo y la pintura se convierten en formas de encuentro, comunicación y cuidado.
En su trabajo más reciente, la cuestión de la memoria ha adquirido una importancia especial. Wakeling ha comenzado a preguntarse si las figuras que emergen de sus pinturas son realmente cuerpos que luchan por hacerse visibles o si se aproximan más a las imágenes imperfectas mediante las que recordamos a otras personas. La memoria, en este sentido, no reproduce fielmente la realidad: la reconstruye a través de emociones, sensaciones, fragmentos y ausencias. Tras la pérdida de sus padres en un breve intervalo de tiempo, esta idea ha adquirido una resonancia especialmente íntima. Algunas obras aparecen en parejas o establecen relaciones entre sí, sugiriendo presencias que continúan coexistiendo a pesar de la ausencia física.
Esta investigación fue central en Liberar al prisionero, su exposición en Mobb Art Club, Madrid. Tomando como punto de partida conceptual los Prigioni inacabados de Miguel Ángel, la muestra proponía un paralelismo entre los cuerpos que emergen del mármol y las figuras de Wakeling, que luchan por abrirse paso a través de la densidad de la pintura. Su práctica actual continúa explorando ese umbral: entre lo que aparece y lo que desaparece, entre el cuerpo y su recuerdo, entre el caos y la legibilidad. La pintura se convierte, en última instancia, en un espacio donde la imagen nunca queda completamente resuelta, sino que permanece viva precisamente porque todavía está buscando su forma.


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