Peggy Guggenheim y el coleccionismo visionario
Peggy Guggenheim (1898-1979) es una de las coleccionistas más importantes del siglo XX. Su padre falleció en el hundimiento del Titanic y heredó una fortuna que decidió invertir en su gran pasión: el coleccionismo de arte. A pesar de que Peggy no sabía mucho de arte, se rodeó de figuras que dominaban este campo, como Marcel Duchamp, Max Ernst o Piet Mondrian, hasta convertirse en la experta que todos conocemos.
En 1943, Peggy se propuso incluir jóvenes talentos para la exposición del Salón de Primavera que organizaría en su nueva galería neoyorquina Art of This Century. El desconocido -en aquel momento- Jackson Pollock, presentó “Figura Estenográfica”, una pintura que dista mucho del estilo con el que todos lo relacionan hoy en día.

Figura Estenográfica (1943), Jackson Pollock
La primera reacción de Peggy Guggenheim al ver la propuesta de Pollock fue el rechazo absoluto. La calificó como una obra “bastante fea” e incluso puso en duda que aquello fuese una pintura por “falta de disciplina artística”. Su mejor amigo, Piet Mondrian, opinaba algo completamente diferente: “Esta puede ser la pintura más emocionante que he visto desde hace mucho tiempo, aquí o en Europa [...] donde tú ves falta de disciplina, yo percibo una energía tremenda [...] no sé si calificaría a este autor como un gran artista, pero sé que me obligó a detenerme y observar”.

Peggy Guggenheim junto a Max Ernst en Art of This Century (Nueva York, 1943)
Guggenheim confió en lo que su amigo vió en ese artista, pues era un gran experto en la materia. “Figura Estenográfica” fue incluida en la muestra y recibió un aluvión de críticas positivas. A partir de entonces, Peggy Guggenheim se convirtió en la primera mecenas de Pollock y financió la carrera del artista durante varios años. Al principio vendía sus obras en alrededor de los 1000 dólares, pero en 2006 batió récords con su “No. 5” (1948) y se convirtió durante cinco años en la pintura más cara de la historia: su precio de mercado alcanzó los 140 millones de dólares.
¿Qué hubiera sido de Jackson Pollock sin la figura del art advisor? Peggy Guggenheim jamás hubiera apostado por su obra y quizás el mundo se hubiera perdido a uno de los grandes maestros del arte abstracto. Este es un gran ejemplo del poder del coleccionismo de arte para influir no solo en carreras individuales, sino en movimientos artísticos completos.
